BLOQUE III
DESTRABANDO LA INVERSIÓN
La falta de coordinación y la burocracia afectan la ejecución de proyectos de infraestructura. ¿Qué mecanismos propone para reducir los tiempos de ejecución de obras sin disminuir la calidad ni los estándares de las obras?
Clemente Pérez: El tema de la permisología es un drama. En eso, por fin, todos nos pusimos de acuerdo. Y, en definitiva, la gente más afectada son las personas de carne y hueso: el Hospital Salvador, que lleva 15 años desde que fue licitado, hubiera servido mucho para la pandemia. Sin embargo, se rechazó ambientalmente y después fue aprobado ambientalmente.
El sistema de permisos no está dando las discusiones de fondo. Todos los data centers han enfrentado obstáculos y, sin embargo, los principales data centers de Santiago ni siquiera tienen consumo de agua. Incluso, fue rechazado un data center que había comprometido no utilizar agua en sus sistemas de enfriamiento. Tenemos, 22 proyectos de desalación en carpeta y todos han tenido que enfrentar complicaciones. ¿Y saben cuál es el posible impacto ambiental de un proyecto de desalación? La salmuera, ese es problema, pero llevamos años y nadie ha solicitado una norma de emisión de salmuera. O sea, poner obstáculos solo por poner obstáculos no es dar las discusiones de fondo. Queremos un país que proteja el medio ambiente pero que sea capaz de ir avanzando. Por eso estamos proponiendo muchas reformas en temas de permisos.
Por fin se aprobó la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, pero no han disminuido la burocracia, al revés, la permisología ha aumentado. Queremos una ley corta que modifique y que establezca plazos precisos a determinados organismos -por ejemplo, las divisiones de desarrollo urbano, los seremis- que es lo que no hizo la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales. Y hay que también reformar algunas instituciones, como por ejemplo el Consejo de Monumentos Nacionales que tiene enquistados a colegios profesionales.
Luis Eduardo Escobar: Vuelvo al inicio de la conversación: necesitamos una institución fuerte, empoderada y que esté a nivel de la Presidencia de la República que permita mejorar la coordinación. En Valparaíso, por ejemplo, durante la época del Presidente Lagos se hizo el acceso sur que significó cambiar totalmente la logística en Valparaíso mejorando la calidad de vida porque sacó a 250 mil camiones anuales que pasaban por el centro de Valparaíso y que hoy día pasan por una carretera que está fuera de la ciudad y que entra directamente al puerto.
Para eso se requirió que, y voy a poner el nombre y el apellido, que Ernesto Otone, del segundo piso de La Moneda, estuviera a cargo de ese proyecto. Y él personalmente se preocupó y estuvo permanentemente involucrado.
Tenemos que revisar la permisología y ahí lo más grave de todo es el sistema de evaluación ambiental. Este Gobierno no va a alcanzar a sacar la ley en el Congreso y su correlato que tiene que ver con el Consejo de Monumentos Nacionales. Para la construcción de un parque en Valparaíso se atrasó dos años porque había que hacer una serie de excavaciones en terrenos que eran de relleno, que eran la basura del terremoto de 1906.
Martín Arrau: ¿Cómo podemos reducir los tiempos de ejecución de obras? Algunas de nuestras propuestas, las más llamativas son: fortalecer las prioridades presidenciales, incluso, en ciertos casos, para aceptar tiempos y requisitos urbanísticos y medioambientales; reformular el Consejo de Monumentos Nacionales y que los permisos los otorgue su secretaría técnica, con responsabilidad; impulsar un cambio a la Ley Lafkenche para equilibrar los derechos de las comunidades con el desarrollo económico, estableciendo tiempos y límites claros; hacer cumplir los plazos administrativos; impulsar una reforma legal de silencio positivo; limitar, la participación a las personas interesadas directamente en el proyecto; y aumentar los costos de los litigantes temerarios, porque hoy día vemos una verdadera industria que se dedica a la paralización de proyectos.
El financiamiento privado de infraestructura ha sido exitoso, pero hoy señales de agotamiento. Por ejemplo, hay falta de interés en algunas licitaciones. ¿Qué cambios específicos proponen para modernizar el sistema y adaptarlo a los desafíos actuales?
Clemente Pérez: La Ley de Concesiones ha sido fundamental para la modernización del país y no se requiere de una nueva discusión legislativa. No queremos pasarnos cuatro años discutiendo la ley, tal como lo hizo este Gobierno con la ley de autorizaciones sectoriales. Con la ley que tenemos, que nos permitió renovar y crear toda la infraestructura que tenemos, podemos seguir avanzando.
Pero algunas cosas han cambiado. En la mayoría de las últimas licitaciones no hemos tenido más de un licitante y entonces hay que Incrementar la competencia. Para eso, proponemos varias cosas. Primero, revisar la escala: los proyectos son demasiado grandes y quedan afuera muchas constructoras que quisieran competir. En segundo lugar, disminuir los márgenes de incertidumbre, licitando con ingenierías más avanzadas y ojalá con permisos ambientales aprobados. En tercer lugar, mejorar el marco normativo.
Hoy en día, todo el riesgo se le pasa a la concesionaria y eso se traduce en mayores tarifas que finalmente la terminan pagando los usuarios. Los contratos tienen que ser más flexibles y hay espacio para avanzar por ahí. Pero también esto debiera aplicar para las obras pequeñas, para consultorios, centros educativos, museos y centros comunitarios, entre otros. Y esto no se puede hacer a través de la Ley de Concesiones que demora 15 años en desarrollar un proyecto. Resulta necesario modificar la Ley de Financiamiento Urbano Compartido, la que prácticamente no ha funcionado, y que disponga de los sistemas que permitan dar garantías y acceder al financiamiento que sí tiene la Ley de Concesiones.
¿Cuáles serían los cambios que ustedes proponen para que los temas ambientales sean un aporte y no una traba?
Luis Eduardo Escobar: Somos firmes creyentes de la consulta ciudadana anticipada, sus resultados han sido excelentes en el sector privado y público. Y voy a dar un ejemplo en el cual yo estuve involucrado: en Valparaíso no hacer la consulta llevó a un fracaso con el primer proyecto de licitación que se hizo para nuevas obras en el puerto. Y solo después que se recuperó la conversación con la ciudadanía, se pudo empezar a hacer lo que finalmente llamamos un Acuerdo por Valparaíso, donde la ciudadanía estaba de acuerdo con el proyecto. Una vez que se despeja el tema, se puede empezar, es decir, licitar, pero licitar con un proyecto que está aprobado por la ciudadanía, que ojalá esté aprobado por el Sistema de Evaluación Ambiental y que entonces permita avanzar en la ingeniería.
El Sistema de Evaluación Ambiental requiere de una reforma profunda y hay dos elementos que son centrales: uno, los criterios de admisibilidad o quién puede llegar a este sistema; y, dos, eliminar la recurrencia del sistema porque al final te pueden llevar a la corte todas las veces que quieran. En el caso de Valparaíso ya se ha terminado en la Corte Suprema una vez, y está la amenaza de ir de nuevo.
La evaluación social de proyectos en Chile sigue centrada en variables costo-beneficio tradicionales. ¿Cómo propone su candidatura incorporar una mirada de triple impacto -económico, social y ambiental- que valore la sostenibilidad, la resiliencia y la equidad territorial al momento de priorizar la inversión pública?
Martín Arrau: Hay que ser muy prudente y responsable cuando se habla de cambiar, por ejemplo, un método de priorización o de evaluación de proyectos, sobre todo el Sistema Nacional de Inversiones que es reconocido y robusto. Se produce un pequeño terremoto si es que empezamos a mover las variables de evaluación. En temas de resiliencia frente a desastres naturales; de seguridad ante terrorismo; de delincuencia, entre otros, son factores que, por supuesto tienen que compararse, al igual que el impacto en zonas de rezago y de vulnerabilidad. Pero, en todo caso, es necesaria una mirada un poco más estratégica, porque si no los formuladores que hacen los proyectos, y que son cientos de organismos públicos, terminan formulando lo que ya saben hacer y vemos tipologías de proyectos que se repiten y se repiten. Cualquier innovación es estas materias debe ser muy prudente y con el apoyo de comités expertos, porque también está el riesgo de terminar aprobando menos proyectos de los necesarios.
Disponen de un espacio de réplicas o comentarios sobre lo señalado de cómo destrabar las dificultades en la inversión.
Clemente Pérez: Es positivo el consenso técnico que hemos visto en este encuentro. Con todo el plan, por ejemplo, de riego y de agua de Martín Arrau estoy súper de acuerdo y también con todo el plan de vivienda de Luis Eduardo Escobar. El tema está en si sus candidatos van a respaldar lo que ellos aquí están planteando porque hay contradicción entre invertir y recortar fuertemente el presupuesto o estar en contra de las concesiones. Una última reflexión: cuando uno mira, no a los países nórdicos, sino Perú, y vemos que Perú tiene un aeropuerto espectacular, que tiene carreteras hídricas y embalses que están haciendo que nos supere en producción frutícola y tiene un puerto de gran escala, Chancay, y nosotros nos quedamos parados, entonces la pregunta es: ¿por qué no crecemos? Tenemos proyectos, están la capacidad humana y la institucionalidad, simplemente pongámonos de acuerdo, creamos en esto, generemos acuerdos.
Luis Eduardo Escobar: Efectivamente, yo creo que a nivel técnico en temas de infraestructura estamos bastante de acuerdo sobre cuáles son las cosas que hay que solucionar. Pero lo que uno ve es que cada uno se hace cargo de su pequeño feudo y entonces la coordinación y la visión estratégica están ausentes. Hacer una carretera hídrica que cruza buena parte de Perú es una visión estratégica. Pero aquí en Chile llevamos muchos años hablando de fortalecer el riego en la agricultura y duplicar el área regada, y resulta que en los últimos veintitantos años no hemos aumentado mayormente el área regada, en parte porque los embalses no se han construido, y se podrían dar otros ejemplos.
Martín Arrau: Es un gusto ver el alto consenso en planes hídricos, en simplificar los permisos y trámites y en fortalecer la cooperación público-privada. Yo soy agricultor y todos sabemos que llueve menos cada año. Si hay algo que cambia es el clima, hace muchísimo tiempo que en Chile llueve menos, la isoterma es más alta, hay menos acumulación de nieve y más episodios de inundaciones. Quizás no creemos en lo que llamamos religión climática, pero sí creemos en los planes que estamos presentando para abatir esta crisis que llegó y que va a seguir aumentando la presión sobre el recurso hídrico.