III. PRESENTACIÓN DE AILYNNE VALENCIA
Gerente del canal tradicional de ICB
El canal tradicional de distribución de mercaderías -almacenes, botillerías y otro comercio pequeño- y sus desafíos. Estacionamientos y tonelaje de los camiones repartidores: dificultades y costos.
ICB cuenta con un amplio portafolio, con más de mil productos y más de 30 marcas; además abarcan más de 60 mil puntos de venta con 600 rutas; por lo tanto, la logística sí es un tema vital. El canal tradicional juega un rol clave porque conecta con los barrios, con los almacenes y botillerías, que son parte de la vida cotidiana de miles de familias.
Desde esta experiencia y cercanía con el consumidor, los desafíos de logística urbana con nuestro modelo de autoventa -donde en el mismo momento se toma el pedido y se entrega la mercadería- son aún mayores. ¿Qué desafíos urbanos se enfrentan hoy día con el modelo de autoventa? La primera dificultad son los tiempos de traslado. La congestión vehicular genera bastante retraso y extiende las jornadas de trabajo, aumenta el gasto de combustible, provoca desgaste físico y mental adicional en los vendedores y además limita la cantidad de clientes a visitar.
La segunda dificultad, por lo tanto, son los problemas de estacionamiento. En las grandes ciudades, no sólo en Santiago, hay escasez de espacios y eso nos obliga a estacionar a gran distancia de los clientes. Entonces, hay que bajar los productos en un carrito y caminar hacia el almacén, lo cual aumenta el riesgo de robos. La altura de los camiones, por su parte, impide estacionarlos en los estacionamientos subterráneos o techados. En tercer lugar, está la interacción con los peatones, ciclistas, vehículos particulares y de carga, y transporte público; todos compartimos la misma infraestructura urbana, lo que eleva los riesgos de incidentes o conflictos. Para agravar el problema, muchas veces los espacios de carga y descarga son ocupados por vehículos particulares, lo que obliga a improvisar y exponerse muchas veces a sanciones.
Y finalmente, pero no menos importante, están las restricciones viales, las limitaciones de acceso a ciertos sectores y franjas horarias, entre otras normativas, que restringen la operación que, además, es exclusivamente diurna.
Ojalá se pudiera repartir en camiones de cinco toneladas, sería mucho más eficiente en términos de costo, pero la realidad urbana lo hace inviable por los radios de giro reducidos, calles estrechas, faltas de espacio y restricciones municipales. Todo esto ha obligado a optar por camiones de 1,7 toneladas.
¿Qué creemos que se puede hacer para mejorar estas condiciones? Primero, avanzar hacia una infraestructura con zonas exclusivas de carga y descarga; provisión de estacionamientos temporales para generar opciones más seguras; fomentar la planificación inteligente de las rutas con el apoyo de la tecnología. En la base de cualquier avance, sin embargo, está el promover la coordinación entre actores, autoridades y empresas logísticas, para asegurar una convivencia urbana y de movilidad lo más armónica posible.