IV. Infraestructura para el Desarrollo
Carlos Cruz
Director Ejecutivo, Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI)
La intervención del CPI situó el debate más allá de la ejecución de obras físicas, enfocándose en la infraestructura como una política pública de largo plazo esencial para la productividad y el bienestar. Se destacó que, si bien las regiones muestran avances en la coordinación de carteras, a nivel nacional persiste una fragmentación institucional que dificulta una visión integrada, lo que refuerza la necesidad de entidades que promuevan el diálogo público-privado para dar continuidad a los proyectos de estado.
Gobernanza y continuidad de las políticas públicas
Se subrayó que las políticas de infraestructura, por definición, requieren "miradas largas" que trascienden los ciclos de gobierno. La falta de una institucionalidad robusta que explique y justifique los cambios de rumbo en grandes proyectos fue identificada como una debilidad crítica del sistema actual.
Como caso emblemático de esta discontinuidad, se citó la historia del Puente Chacao, cuyo desarrollo sufrió paralizaciones y cambios de modelo de financiamiento (de concesión a obra pública) sin una explicación técnica suficiente a la ciudadanía en su momento. Este tipo de incertidumbre se argumentó, fue el catalizador para la creación del CPI, con el fin de exigir estabilidad y transversalidad política en las decisiones de inversión, evitando que ajustes presupuestarios coyunturales ?como el recorte reciente al presupuesto del MOP para el 2026? afecten la planificación estratégica sin un debate profundo sobre sus impactos en el empleo y el desarrollo.
Infraestructura como habilitador social y productivo
El análisis posicionó a la infraestructura como una condición habilitante para otros servicios y sectores. Se destacó la urgencia de invertir la lógica actual de desarrollo urbano: en lugar de construir viviendas y luego dotarlas de servicios, el Estado debe proveer primero la infraestructura de servicios y conectividad para habilitar suelo, haciendo más eficientes y dignos los programas habitacionales.
Asimismo, se vinculó la infraestructura con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), planteando que el crecimiento económico, el bienestar de las personas y el cuidado del medio ambiente no son objetivos contrapuestos, sino ejes que deben converger en la planificación de obras públicas.
El imperativo de la Asociación Público-Privada
Ante la restricción fiscal, se presentaron datos que evidencian la insustituible labor del sector privado. Con la inversión pública directa estancada en torno al 2% del PIB, se argumentó que el Estado debe utilizar sus recursos limitados para apalancar e incentivar la inversión privada.
Se planteó la meta ambiciosa de elevar la inversión en concesiones desde el actual 0,3% del PIB a un 1,5% del PIB (aproximadamente US$ 4.500 millones anuales). Para lograr esto, se propuso diversificar los mecanismos de financiamiento, reactivando herramientas subutilizadas como la Ley de Financiamiento Urbano Compartido (FUC). Esta normativa, con las modificaciones adecuadas, podría permitir a los Gobiernos Regionales liderar iniciativas de menor escala con mayor agilidad que el sistema de concesiones tradicional, abriendo una "palanca adicional de desarrollo" para proyectos urbanos y sociales.
Desafíos de coordinación y urgencia
Finalmente, se hizo un llamado a recuperar el "sentido de urgencia". Se criticó la "planificación en silos" donde ministerios (MOP, Transportes, Vivienda, Energía) planifican con horizontes temporales dispares (30, 15, 10 años), perdiendo coherencia y sinergia.
La propuesta estratégica se centró en cinco capítulos temáticos para el futuro:
- Logística: Recuperación del ferrocarril de carga como eje de competitividad.
- Recursos Hídricos: Infraestructura para la seguridad hídrica.
- Ciudad: Servicios urbanos y gestión de residuos.
- Conectividad Digital: Fundamental para la integración territorial.
- Energía: Como soporte de la matriz productiva.
El mensaje de cierre enfatizó que la cooperación interinstitucional debe dejar de ser voluntaria para ser vinculante, asegurando que la infraestructura cumpla su rol de mejorar la productividad y la equidad territorial.