PRESENTACIÓN DAVID MARTÍNEZ
Jefe de la División de Infraestructura y Transporte Gobierno Regional de Antofagasta
Martínez inició su alocución subrayando el carácter fundacional de la jornada: esta fue la primera actividad oficial de la nueva gobernanza público-privada y académica, una instancia mandatada por el Gobernador para reunir a todos los actores en torno a un proyecto histórico, estructurado en mesas de trabajo que abarcan infraestructura, negocios y turismo.
Una visión histórica y global
Para ilustrar la profundidad temporal del desafío, el directivo proyectó un mapa elaborado por japoneses en el año 1932. En aquel documento, de hace casi un siglo, ya se trazaban rutas continentales que conectaban el puerto de Santos en Brasil con la Región de Antofagasta, identificada desde entonces como una zona netamente industrial. Martínez se apoyó en este antecedente para evidenciar que la visión exterior sobre la región ha cambiado poco, reforzando así la invitación del Gobernador a diversificar la matriz productiva.
Como referente contemporáneo, el jefe de la División de Infraestructura y Transporte del GORE de Antofagasta citó la Belt and Road Initiative (la nueva Ruta de la Seda) impulsada por China en 2013. Una inversión de más de un billón de dólares para conectar Asia, Europa y África. Martínez explicó que la importancia de un corredor no radica solo en el tránsito de mercancías, sino en su capacidad para generar "encadenamientos productivos" a partir de la inversión y el comercio. Ese es el objetivo central: crear una infraestructura habilitante que permita a la Región insertarse en estas cadenas globales de valor.
La realidad del corredor y la crisis de servicios
Al aterrizar el proyecto en el territorio, se describió la magnitud del corredor bioceánico: una ruta de
2.250 kilómetros que conecta los puertos de Santos y Sao Paulo (actualmente colapsados), cruza por Campo Grande y Paraguay (puente Carmelo Peralta-Puerto Murtinho), ingresa a Chile por los pasos de Jama y Sico, y distribuye la carga hacia los puertos de Iquique, Tocopilla, Mejillones y Antofagasta.
Sin embargo, Martínez fue franco al exponer las fricciones actuales. Relató cómo, incluso antes de la plena operación del corredor, la Región ya enfrenta crisis logísticas y humanitarias. Citó como ejemplo el colapso vivido en San Pedro de Atacama tras el cierre del paso de Jama, donde más de 200 camiones paraguayos quedaron varados sin infraestructura básica, obligando a los conductores a comer y lavar ropa a un costado de la carretera. Esta precariedad, que se replica en Mejillones y otras zonas, fue el argumento para justificar la urgente inversión en una red de zonas de descanso.
Los tres ejes de gestión del GORE
El jefe de la División de Infraestructura definió el rol del Gobierno Regional en tres pilares:
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Gestión de recursos: obtención de compromisos del nivel central a través de la mesa de alto nivel
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Gobernanza: creación de la institucionalidad local que une al sector público, privado y académico
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Oportunidades de negocio: articulación con empresas de Paraguay, Brasil y Argentina interesadas en utilizar los puertos regionales.
Plan de inversiones: vialidad y ferrocarriles
En cuanto a la infraestructura dura, Martínez destacó un hito presupuestario: la inminente aprobación de un convenio con el Ministerio de Obras Públicas (MOP) por más de 700.000 millones de pesos. Este acuerdo busca mejorar y estandarizar todas las rutas regionales asociadas al corredor, un trabajo que ha implicado diálogos técnicos con Vialidad y conversaciones territoriales con alcaldes, como el de San Pedro de Atacama.
El diagnóstico sobre el modo ferroviario fue más crítico. Martínez señaló que, si bien existe interés en fortalecer las redes de Ferronor y FCAB, hay iniciativas de concesiones de carga que han estado estancadas por más de cinco o seis años sin que se inicien los estudios. Hizo un llamado explícito a la Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE) para agilizar los vistos buenos necesarios y avanzar. Asimismo, destacó el esfuerzo del GORE por recuperar la conectividad internacional, trabajando en la reactivación de los circuitos ferroviarios de los pasos Socompa (hacia Argentina) y Ollagüe (hacia Bolivia).
Humanización de la ruta y polos logísticos
Para resolver la precariedad de servicios en la ruta, se presentó un plan de zonas de descanso en puntos estratégicos: Ollagüe, Crucero, Calama, San Pedro de Atacama, Mejillones, Baquedano y La Negra. Martínez enfatizó que esto responde a criterios de seguridad vial y dignidad laboral para los choferes.
En paralelo, se detalló el desarrollo de plataformas logísticas multimodales y macro-urbanizaciones para recibir a las nuevas industrias. Se mencionaron proyectos como el polo B400 (equidistante a los puertos), la zona de desarrollo en La Negra, y habilitaciones de terrenos en Calama, Baquedano, Tocopilla (sector Barriles) y Sierra Gorda. Sin embargo, también se expresó preocupación por la lentitud en la tramitación de los Puertos Terrestres Internacionales (PTI), declarados de interés público, pero aún detenidos en la etapa de concesiones.
Desafíos futuros
Finalmente, tras mencionar las mejoras en la oferta portuaria (molo de abrigo, dragado y estudios en Tocopilla), Martínez planteó las interrogantes urbanas que conlleva este crecimiento: ¿Cómo evitar la congestión en las ciudades? ¿Es viable un ingreso soterrado al puerto?
La conclusión apuntó a la necesidad de un Plan Maestro Logístico Regional. El jefe de división agradeció al Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI) por su colaboración para trazar esta hoja de ruta, reafirmando que la meta final es una región con diversificación productiva real y no solo un lugar de paso para la minería.